04 noviembre 2009

FILOSOFÍA A MARTILLAZOS


Cuando me hablan de la racionalidad de ciertos argumentos a modo de explicación de lo que sucede en el mundo me hacen reír. Exponen sus verdades subjetivas ante sus interlocutores y terminan logrando el silencio de los demás a fuerza de agotarlos con sus gritos y con su capacidad de lograr un delirio potente en el que se sienten a gusto.
Sin embargo,al decir de Nietzsche, la verdad y la razón nunca han tenido nada que ver entre sí. Quien es más poderoso impone su verdad y los demás se la comen doblada. Quien tiene la suficiente convicción como para dar la vida por una verdad siempre subjetiva y que a su vez no es otra cosa que una posibilidad de transformar la realidad, lo hará posible.
Solo existen convicciones, no verdades. Y existen tramas de poder más fuertes que otras.
El filósofo observador y descriptivo de la realidad sabe que todo es verdad o nada es verdad, pero nunca sucede que algunas cosas sean verdad y otras no. La filosofía es una máquina creativa, quizás hubiera dicho Deleuze, un parque de diversiones para pasar el rato, hasta un laboratorio en donde se prueban diferentes teorías. Es como la diferencia entre el descubrimiento de la energía nuclear y la bomba atómica, o entre la escritura de El capital y un gobierno comunista ¿Podemos culpar a Marx de los desastres que hizo Stalin en Rusia? Solo podríamos hacerlo del mismo modo en que podemos culpar a Einstein de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Escribir esto es un intento de imponer mi verdad por más ínfima que sea mi voluntad de poder.
Lo dicho hasta aquí es mi opinión sobre las verdades universales.
En cuanto a verdades subjetivas se refiere, se me achaca que cuando alguien me da un consejo o punto de vista yo contesto: “puede ser” y luego hago lo que se me da la gana. Digo puede ser porque acepto todos los puntos de vista y los considero, pero en realidad los consejos me sirven más para conocer a la persona que me los da que para conocerme a mí mismo. Eso es tan solo porque no creo que nadie sea capaz de convencer a nadie de nada. En el mayor de los casos solo se puede hacer dar a luz ( como lo hacía Sócrates con su mayéutica) algo que en realidad sabíamos desde un principio aunque no de manera conciente, algo que se encontraba ya dentro de nosotros. Pero para eso hace falta ser un maestro Zen o un Kierkegaard, por nombrar a alguien. Schopenhauer y Nietzsche avalan este punto de vista cuando hablan del carácter y de la total ausencia de libertad. Todo está determinado de antemano en potencias Aristotélicas: lo único que podemos hacer es descubrirlas y explicar como se nos de la gana su funcionamiento.
Henry Miller hubiera dicho: que el asesino se dedique a asesinar, el abogado a defender, el ladrón a robar y el maestro a enseñar, porque todo está en su perfecto lugar y aunque lo quisiéramos no hay nada que podamos hacer al respecto. Nadie es responsable de nada porque no hay elección posible. No hay nada que agregar ni nada que sacar.

22 octubre 2009

PRÓLOGO


Mi amor por la literatura nace con la lectura de tres escritores que me cambiaron la forma de ver la vida para siempre: J.D. Sallinger, Cortázar y Henry Miller, más específicamente de sus novelas El guardián en el Centeno, Rayuela y Trópico de Cáncer. En ese sentido adhiero a la frase de Borges según la cual uno debería enorgullecerse más de los libros que ha leído que de los que ha escrito.
La lectura ha sido en varias oportunidades para mi una manera de escapar ante una realidad a veces hostil e incompleta.
La cuestión es que acabo de terminar una novela de ochenta páginas llamada Ventana Esquizo que habla de la creciente alienación de un personaje a su paso por diferentes instituciones de las sociedad tales como la escuela, el trabajo, la universidad, el manicomnio, la familia y el aparato psiquiátrico. También he tratado de reflejar la posible redención ante esos crueles poderes mediante la fuerza de el amor y la compasión.
La novela parte de el axioma de Borges (a quien acudo de nuevo para decir las cosas que yo no se decir y que no se pueden expresar de otra forma) según el cual la realidad es una mera forma de literatura.
A medida que algunas personas fueron leyendo el libro he visto como sus miradas me aportaban nuevas maneras de observar lo que había escrito. Me han dicho que se trataba de literatura posmoderna. La historia de un flaneur en el sentido Baudeleriano de la palabra, es decir, de aquel que no solo camina por la ciudad sino que la vive. Me señalaron también que lo escrito muestra la forma en que el tedio genera nuevas formas de arte y que el desfile inicial de personajes de la novela se corresponde con la soledad del protagonista.
Pero la literatura es también un penoso y poco discreto ejercicio masturbativo mediante el cual uno se atormenta y atormenta a los demás. Un simple y vulgar negocio en el cual el escritor se convierte en un miembro más del prostíbulo.